jueves, 14 de agosto de 2014

La imagen que te asalta

Me contaron que en una expo de Antonio Tabernero alguien le preguntó por una de sus fotos. "¿Cómo ha hecho esta foto?". La respuesta fue, por lo visto, algo así: "He mirado por el visor y he apretado el botón". Obviamente, el consultante quería datos técnicos y el consultado dio datos prácticos.


Me llama mucho la atención cuando alguien se compra una cámara reflex y lo anuncia a bombo y platillo. Como si a partir de ese momento se hubiera convertido en un artista. Recuerdo al protagonista de "Alicia en las ciudades" de Wim Wenders. Era un periodista que recorría los Estados Unidos haciendo fotos con una Polaroid en busca de la inspiración para su próximo libro. Sus imágenes eran un reflejo de su estado de ánimo. Por eso la niña que le acompaña a lo largo de la historia le pregunta en un momento dado que por qué no sale en ninguna de ellas. Él repasa su colección de desiertos e interminables carreteras vacías reflejo de su propia soledad y entiende que él mismo es la esencia de su arte. No cabe la menor duda de que hay que controlar los conceptos técnicos para conseguir dominar este arte. Pero ese es un mero elemento conductor, como el instrumento para el músico. Lo que se cuenta a través de las imágenes es, al fin y al cabo, nuestro propio vocabulario. Y no hay nada más repelente que un fotógrafo redicho.

                                                                                     Alberto Arcos (bailarín y coreógrafo)

viernes, 2 de mayo de 2014

Lentes

   El uso de diferentes tipos de óptica a la hora de hacer retrato condicionará el carácter que se le de a la imagen (o viceversa). Siempre hay que tener un 50 mm porque se supone que es lo más parecido al ojo humano enfocando y que las proporciones para el cerebro son más asimilables y tienen su referente con la realidad. Pero el retrato como disciplina artística tiene tantas variables como emociones provoque al que lo gesta. Podremos cumplir con la ley de la mirada, con la del movimiento, con la de los tercios, ... Con la que queramos, que un buen día llega una necesidad de esas de premura total y disparas como lanzando un cazamariposas porque la más bella o la más inquietante está ahí para ti y no se te puede escapa. 


   Cuando se trata de posados la decisión es más difícil aún. ¿Le hacemos un gran angular deformador a un modelo serio? ¿Priorizamos el entorno con ópticas mayores? ¿Diafragma muy abierto? ¿Sacrificamos la expresividad de diafragmas de número bajo porque tenemos problemas con el enfoque? La decisión es nuestra. ¿Perogrullada? No. Es inevitable hacer cosas que ya se han hecho. Es un modo de aprender los secretos de la fotografía. Pero hemos de tener en cuenta que seguimos utilizando la ortodoxia compositiva dictada en el mundo clásico. Es decir, queda poco por descubrir en ese sentido. Pero tampoco se trata de repetir tendencias puestas de moda por la demanda de los media. Me viene a la memoria algo que estuvo ocurriendo entre los aficionados hasta hace muy poco. Se podían contar por cientos los retratos oblicuos. Hoy en día, afortunadamente, se ha pasado un poco esa fiebre. No quiere esto decir que no haya que hacer retratos oblicuos. Dan una gran dinámica al retrato y, en casos puntuales, le dan expresividad. Pero que nadie dicte cómo hay que hacer las cosas. Mientras se hagan bien (sin que nos escuezan los ojos), cada cual decide qué quiere decir o, mejor dicho, qué quiere que digan sus retratos. Cualquier expresión plástica ha de satisfacer al que la realiza, primero. Lo demás es mucho más complejo.

domingo, 23 de junio de 2013

La Ceremonia del Humo

Hay un maestro que te lleva de la mano hasta el segundo previo en que sabe que tienes que empezar a caminar por tus propios pasos. Los ceremoniales de iniciación han de llevarse a cabo de la mano de ese guía, de ese motivador, de aquél por el que te lanzas a cualquier aventura. Él fue el que te provocó el deseo y con él has de llegar al descubrimiento. Al segundo previo en que las sensaciones se convierten en emociones personales.


lunes, 1 de abril de 2013

Tres de Cinco

MC Música Ensemble es mucho más que un proyecto musical. Daría (violín), Andrea (violonchelo), Paula (guitarra), Irene (violín) y Leonor Marchena Caparrós (piano) forman este proyecto convertido en realidad. Los currículos de cada una de ellas avalan las exigencias académicas y profesionales que se esperan de cualquier buen músico que aspira a la docencia o a la interpretación en sus más altos escalafones. Quienes hemos tenido la fortuna de escucharlas damos testimonio de ello en lo estrictamente artístico. Y es que éste es uno de esos casos que están condenados al éxito. Los grupos musicales formados por grupos familiares (hermanas, en su caso) inundan el escenario de una serenidad fruto de esa maravillosa comunicación que sólo pueden tener ellas. Han tocado en conjuntos y orquestas por medio mundo, desde España hasta China, desde Corea hasta Alemania, ... Han compartido experiencias musicales con cientos de músicos de otros tantos lugares. Han demostrado allá donde han ido que su excelsa carrera es el resultado del trabajo, la dedicación y la pasión al servicio de la música. Pero cuando trabajan juntas el arte se vuelve exageradamente humano. Porque de la generosidad sólo se puede esperar armonía, de la sencillez sólo se puede sentir dicha y del talento sólo se puede esperar lo que ellas brindan en cada una de las notas que, tan sencilla y generosamente, regalan a todos los que tenemos la inmensa suerte de conocerlas. 
En esta pequeña e improvisada sesión fotográfica pude disfrutar de la compañía de Andrea, Daría y Leonor. Ellas forman MC Música Trío. 



domingo, 31 de marzo de 2013

La Guitarrista

Al término de la sesión, editando por primera vez el resultado de tantos disparos, me dice que le enseñe algunas de las imágenes tomadas. Las últimas han sido las de la guitarra flamenca. Me encanta el remate de la pala del clavijero. "¿Y las de la clásica?" me pregunta nerviosa. "Al principio", contesto. No le convence la respuesta. Los guitarreros coinciden en que no hay más que una guitarra a la hora de distinguir entre clásica y flamenca: la española. Pero para esta guitarrista los proyectos en marcha y el camino andado son un amplio crisol de vivencias que ambos instrumentos le han dado a lo largo de los muchos años que lleva dedicados a este instrumento. Creo que ella sabe a cual de las dos prefiere. Pero ese es un secreto que me niego a desvelar. Lo cierto es que ambas le han dado satisfacciones, a pesar de las horas de trabajo que le han robado y que le siguen robando. Es una dedicación satisfactoria: adora lo que hace, adora a la guitarra. Y ese es el único origen de las cosas bien hechas. Moreno Torroba, Pujol o Tárrega suenan como deben hacerlo a través de los dedos de Paula Marchena Caparrós. Y la soleá, la seguiriya o las tarantas son desgarro y duende cuando el corazón de esta nazarena da pulso al flamenco.



domingo, 10 de marzo de 2013

Irrealidad Monocromática


El blanco y negro siempre ha atraído al público por la carga de irrealidad que lleva consigo. Al margen de las modernas técnicas digitales de la actualidad, el blanco y negro nos transforma la realidad de un modo más efectivo. Una fotografía tratada en color se delata por si misma en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo las escalas de grises o el monocromo esconden detrás de su autenticidad la voluntad interpretativa del que observa. El espectador es el que reinterpreta a demanda la realidad que el autor no declara. Una fotografía, como cualquier expresión artística, es un momento de abstracción de su creador. Pero también puede ser lo que los ojos que la observan quieran que sea. La acción creativa cumple así con uno de sus más difíciles objetivos: estimular la capacidad humana de la abstracción.


Aquí os dejo un retrato tomado en una playa al atardecer delante de una palmera. (¿?)